La palabra colapso no tiene antónimos. Cuando un sistema colapsa, simplemente colapsa. Perdone, sí existe uno: REACCIÓN, pero está en desuso.
“Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta llegar a su último fin, especialmente las vidas de los hombres y como la de don Quijote no tuviese privilegio del cielo para detener el curso de la suya, llegó su fin y acabamiento cuando él menos lo pensaba”
Miguel de Cervantes. "Don Quijote de la Mancha".
viernes, 27 de febrero de 2015
martes, 24 de febrero de 2015
viernes, 6 de febrero de 2015
La vida de las abejas (II)
Si existe un ser cuyo destino lo llame especialmente, casi orgánicamente, a darse cuenta, a vivir y organizar la vida en común de acuerdo con la razón pura, es indudablemente el hombre. Sin embargo, ved lo que hace, y comparad las faltas de la colmena con las de nuestra sociedad.
Si fuésemos abejas que observaran a los hombres, nuestro asombro sería grande al examinar, por ejemplo, lo ilógico e injusto de la organización del trabajo en la tribu de seres que, en otros puntos, nos parecerían dotados de una razón eminente.
Veríamos la superficie de la tierra, única fuente de toda la vida común, penosa e insuficientemente cultivada por dos o tres décimos de la población total; otro décimo, completamente ocioso, absorbiendo la mejor parte de los productos de ese primer trabajo; los otros siete décimos, condenados a un hambre perpetua, extenuándose sin tregua en esfuerzos extraños y estériles, que no aprovechan jamás, y que sólo parecen servir para hacer más complicada e inexplicable la vida de los ociosos.
Deduciríamos de ello, que la razón y el sentido moral de esos seres, pertenecen a un mundo completamente distinto del nuestro, y que obedecen a principios que no debemos abrigar la esperanza de comprender.
"La vida de las abejas", Maurice Maeterlinck (1901)
jueves, 5 de febrero de 2015
lunes, 19 de enero de 2015
La vida de las abejas (I)
Para resumir el papel y la situación de la reina, se puede decir que es el corazón esclavo de la colmena, cuya inteligencia la rodea. Es la soberana única, pero también la sirvienta real, la depositaria cautiva y la delegada responsable del amor. Su pueblo la sirve y la venera, sin olvidar que no se somete a su persona, sino a la misión que desempeña y a los destinos que representa. Difícil sería encontrar una república humana cuyo plan abarque una porción tan considerable de los deseos de nuestro planeta; una democracia en que la independencia sea al mismo tiempo más perfecta y más razonable, y la sujeción más total y más bien razonada.
"La vida de las abejas", Maurice Maeterlinck (1901)
viernes, 12 de diciembre de 2014
viernes, 7 de noviembre de 2014
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